Cuenta la leyenda que un paladín praviano, en que lucha en la Reconquista al frente de un buen puñado de valientes, está dudando si entrar o no en batalla contra un grupo de árabes, superior en número y bien armados que esperan al otro lado del río. De repente, se le presentan seis cuervos que no cesan de revolotear llenando el cielo con sus molestos graznidos. El capitán praviano tomó como signos de mal agüero para el enemigo aquella bandada de cuervos que no se apartarán de él. Supone que están hambrientos, y supone que si los cuervos pasan el río, él y sus soldados también lo deben pasar. Con toda la fuerza de sus pulmones les grita:
“Aves de poca valía
Que de hambre sentís pena
Venid en mi compañía,
Pues de carne ajena o mía
Os daré la panza llena”
Las aves sobrevuelan el río y él con sus soldados también lo cruza lanzándose valientemente al combate y dejando el campo sembrado de cadáveres enemigos.
El Rey recompensa al pequeño adalid praviano permitiéndolo pintar por armas él y sus sucesores escudo en el que aparezcan seis cuervos que recuerden dicho episodio. Y porque él era del Valle de Arango, de ahí que el premiado figure con número uno el la relación de apellidos pravianos: Cuervo de Arango.
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